La última cajonera de Santo Domingo
- Carla Villagomez
- 17 jul 2021
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 18 jul 2021
El centro histórico de Quito es un lugar lleno de secretos, de rincones, de olores, colores y sabores. Si vemos con atención nos encontramos con un sin número de historias: unas que están por comenzar y unas que están en sus últimos días.
El último es el caso de Ana María Claudio Ledesma, la última cajonera de la plaza de Santo Domingo. Para entrar un poco en contexto; Las cajoneras han sido una figura del comercio del centro histórico desde que esta actividad prosperó en el siglo XIX. Días en donde se podían encontrar decenas de mujeres que ejercían este oficio en los portales del Palacio Arzobispal, del Municipio y de la Plaza de Santo Domingo, vendiendo diversidad de cosas, desde golosinas hasta cordones y sus características muñecas cajoneras.
Las cajoneras constituían un nexo entre el comprador local y los artesanos o empresarios. Si es que algo se necesitaba, lo más probable era encontrarlo en estos puestos muy bien abastecidos. En varios grupos en internet dedicados a la historia de la capital, varias personas recuerdan como a la salida de las escuelas era costumbre realizar unas pequeñas compras en los portales.

Fotografía por autor anónimo, fecha desconocida. Portales de Santo Domingo.
Hasta antes de la pandemia, Ana María Claudio Ledesma, con ochenta años salía de lunes a viernes a colocar su puesto en donde esperaba las pequeñas compras que le hacían, ofrecía cintos, cordones, las clásicas muñecas, peinillas, etc. Pacientemente esperaba allí, muy querida y protegida por la gente del entorno. En el 2019 nos comentaba como su madre la llevó al puesto desde los dos años para que la acompañara, desde los ocho años tenía consciencia del oficio y desde ese momento ella se quedó allí.
Ella contaba que había días que no vendía nada, y más salía para mantener la tradición de su familia, pero otros días llegaban muchas personas a comprar porque conocían la importancia de su puesto en la historia de Quito. Igualmente nos mostraba su trayecto y a lo que se exponía todos los días: Viajes largos sola en trole y el encargo de su mercancía a los vecinos del lugar.
Video archivo 2019, Todos los derechos reservados © Carla Villagómez 2019
Ana María hacía más llevadero su tiempo porque se sumergía en la contemplación de su entorno, de vez en cuando intercambiaba unas conversaciones con su compañero que limpia botas, o alguna señora conocida se acercaba para preguntarle como le estaba yendo. Esa vida tranquila la llenaba. No tenía miedo, siendo la plaza de Santo Domingo una zona roja, ella se sentía protegida por sus amigos.
Ana María, la última cajonera. Fotografías propias, voz de Ana Claudio. Todos los derechos reservados © Carla Villagómez 2019
Con el inicio de la pandemia Ana María se recluyó en su hogar al cuidado de su familia. Es por eso que por primera vez en más de setenta años encontramos el portal en Santo Domingo desolado y sin color. ¿Es el final de una tradición? ¿Alguien más en nuestra ciudad nota la pesada ausencia?
Nos preguntamos si el Municipio apoyó en algún momento o tuvo planificación para mantener las tradiciones, pero la respuesta es sencilla, en palabras de la señora Ana Claudio "No ha habido un interés real por parte de las autoridades y que la mayor ayuda fue dejar que se quedaran en los portales de Santo Domingo, a diferencia de otros vendedores ambulantes." Pero no es algo que únicamente afecta a Ana, sino que también se percibe la falta de atención en otros oficios que son el patrimonio intangible de Quito.
Otro punto de mucha preocupación para los dueños de negocios en el Centro es el comercio informal que gana cada vez más campo en las ventas. Realmente el problema ya es estructural porque responde a una crisis económica nacional que ha dejado muchos estragos en la ciudadanía.
En el año 2016 el Museo de la Ciudad realizó la exposición "Cajoneras de los portales" en colaboración con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FACSO). Gracias a las investigaciones realizadas sobre este oficio y esta tradición lograron presentar un poco de la vida alrededor de este ícono quiteño. Fue un excelente proyecto para realizar un registro histórico, pero también para mostrar a las personas de todas las edades nuestro patrimonio y motivarlos a ser más curiosos con nuestro entorno.
El artista ambateño Oswaldo Viteri es muy conocido por sus obras pictóricas y escultóricas, entre estas se encuentran composiciones de las muñecas cajoneras, transformando los materiales tan humildes y populares como es la tela y las muñecas sencillas realizadas a partir de retazos, en cuadros que representan la estética y folclor nacional. Sus cuadros y esculturas han representado al Ecuador en exposiciones en Iberoamérica y en Europa. Esto ayudó a visibilizar como varios tipos de arte pueden unirse y como la modernidad puede relacionarse con la tradición de una manera orgánica. La siguiente es una de sus obras más conocidas que reposa en el Museo Nacional en la Casa de la Cultura y que tiene como tema central a las muñecas cajoneras.

Oswaldo Viteri, "Ojo de luz", ensamblaje sobre madera, 160 x 160 cm, 1987
Daniela Andrade, sobrina nieta de Ana María relató como a pesar de la pandemia ella deseaba salir a continuar por los días que le queden en el negocio, sin embargo, ella está cuidada y descansando en su hogar. Daniela también habla sobre la felicidad que le da saber que ciertas personas se interesan por la historia de su tía abuela y que a pesar de que el tiempo pase y que las tradiciones se vean lentamente engullidas por la modernidad, estará registrado el paso y la obra de las cajoneras de Santo Domingo.
Sobre la vida de las mujeres trabajadoras es probable que encontremos en los anales de historia, pero como quiteños si debemos analizar por un momento ¿Se perderá alguna otra profesión? ¿Veremos el final del Quito histórico y del patrimonio intangible?. Es por esta razón que invito a que conozcamos nuestra ciudad, a que caminemos y nos perdamos, a que probemos nuevos sabores, a que juguemos con todo lo que tiene por ofrecernos. No dejemos desaparecer al señor que vende ponche, al señor que vende los discos, a la señora que vende las colaciones, a los músicos, no dejemos morir esos colores que tiene Quito.

Las muñecas cajoneras, fotografía propia. Todos los derechos reservados © Carla Villagómez 2019
El proyecto Sueño Yumbo realizó una obra de títeres llamado "La sonrisa de Dominga" en donde se relata la historia de Maruja una artesana de muñecas cajoneras que muere repentinamente y reencarna en una de sus creaciones. Esta historia se inspiró en las historias de vida de las últimas artesanas de muñecas de trapo que se vendían en Santo Domingo. Parte de la escenografía fue realizada en colaboración con las artesanas. Una obra dirigida por Esteban Ruíz Tapia, creada e interpretada por Gio Valdivieso.
Se la puede encontrar en Youtube haciendo click en el siguiente enlace.
Reportaje realizado por Carla Villagómez, 2021
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